El alimento es uno de los factores más importantes en nuestra vida y nos permite mantener nuestra salud física, mental y espiritual. Lo que somos es el resultado de lo comemos: nuestro cuerpo nuestra mente y nuestras emociones están estrechamente relacionadas con lo que hemos ingerido a lo largo de nuestra vida.
Cada vez hay más estudios que demuestran la relación existente entre lo que consumimos y cómo nos comportamos. En la medida en que tratamos bien nuestro cuerpo, nos responde proporcionándonos bienestar. Si comemos de forma equilibrada nos sentimos mejor y nos relacionamos con lo que nos rodea de una forma más natural. Comer de forma adecuada nos aporta más estabilidad en nuestra vida, incrementando nuestra armonía interna.
"Comer para vivir"

Poco a poco, nos hemos ido apartando del verdadero fundamento de la vida que es “comer para vivir” y no “vivir para comer”, como actualmente hacemos.
Una cosa es comer y otra muy diferente alimentarse. Pero le damos una importancia muy relativa a este hecho: ni siquiera en el colegio se enseña como alimentarse correctamente. Hoy todo el mundo tiene prisa y cada vez hay menos tiempo para preparar la comida.
La mayoría de la gente opta por consumir comida rápida, enlatados o precocinados. Si a esto le añadimos los tratamientos que sufren hoy en día los alimentos—pesticidas, estabilizantes, colorantes, edulcorantes… no debe extrañarnos que tengamos una alimentación muy desequilibrada y que incluso podamos sufrir enfermedades a causa de ello.

El ser humano necesita tomar energía de los alimentos para construir o reparar su propio organismo. Nuestra alimentación debe ser lo más variada posible utilizando los nutrientes que los propios alimentos nos ofrecen: hidratos de carbono, lípidos, proteínas, vitaminas, minerales y agua. Asimismo, deberíamos tomar preferentemente los alimentos de la propia estación, es decir, los que nos ofrece la naturaleza en cada momento, pues son los que necesitamos. No tiene ningún sentido tomar en invierno alimentos que nos “enfríen” y tomar en verano los que nos “calientan” nuestro cuerpo. Un plato equilibrado debería reunir todos estos componentes: 50% de cereales integrales, 30% de verduras, 15% de proteína, 5% repartido entre algas, semillas, frutos secos, etc...
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